-¿Cómo te encuentras?, has pasado un día bastante malo, pero
te veo mejor aspecto.
-He estado mejor, Rufo, ¿alguna novedad en mi ausencia?
-Un mensaje de Zacarías, requiere tu presencia en la cima
del Empire State.
-Malditas las ganas de subir ahí arriba, pero sé que es
importante, esperaba esta invitación desde que nos vimos en la reunión.
-Igual quiere que le prestes algún libro, ¿hay alguno que no
haya leído?, preguntaba Alankar con evidente ironía.
-Jajajajaja, alguno hay, alguno, se ha exagerado mucho este
tema de la biblioteca de Alejandría.
-Seguro, intervino Rufo, cuando dijo biblioteca de
Alejandría debía referirse a la biblioteca de su tío Paco que vivía en esa
ciudad, su extraordinaria biblioteca constaba de 4 rollos llenos de polvo medio
roídos por las ratas, nunca debía hablar de la famosa biblioteca.
-Jajajajaja, nunca está de más un poco de humor para
recuperarme rápidamente, voy notando como mis fuerzas llegan con rapidez, nunca
te lo agradeceré bastante, Alankar, tu sangre me hace sentirme poderoso. Sin
embargo necesito que me hagas otro favor.
-Dime, ¿Qué quieres que haga?
-Necesito que encuentres a Tenairy y le lleves al Empire
State, hay un cuarto oculto donde quiero encontrarme con él después de hablar
con Zacarías. No quiero que se vean, podría resultar peligroso, mas si va el
lobo ese, Jador, no quiero otro lio como el de la otra noche. Vigilarás ese
cuarto y si surge cualquier problema quiero que lo saques de allí cueste lo que
cueste, ¿crees que podrás hacerlo?
-No me gusta mucho mezclarme con humanos, pero lo haré por ti.
-Jenofonte, Agesilao está a punto de llegar.
-Agesilao, dile que hablaremos en cuanto regrese, tenemos
mucho de que hablar y tengo trabajo para él. Vamos, Alankar, la noche comienza,
veremos si también acaba.
Salieron y al poco se separaron en silencio, ya no era
tiempo de hablar sino de actuar, necesitaba información cuanto antes, no tenía
mucho tiempo hasta que todo llegase a su fin, para bien o para mal.
Haberme librado de ese sufrimiento me hacía sentir ligero y
quizás un poco eufórico, había temido por momentos que el poder de la sangre
del ladrón fuese demasiado poderosa, pero lo había logrado a base de sudor y
sangre, en este caso literalmente. Debería de hablar de nuevo con el ladrón
pero esta vez sin sombras de por medio, si somos socios lo somos a partes
iguales, si él me ha visto yo también quiero ver su rostro, pero cada cosa a su
tiempo, ahora Zacarías. El Empire State, tan grande y a la vez tan poca cosa,
como se demostró aquel día de septiembre. Subiré por las escaleras, no conviene
perder la forma y también conviene estar atento a cualquier cosa extraña, ya me
he llevado muchas sorpresas últimamente y no estoy acostumbrado.
-Zacarías, me alegra verte, hemos de hablar urgentemente.
-Deja que te de un abrazo, siempre es una alegría
encontrarse con un amigo, no sabes lo escasos y preciosos que son.
He de reconocer que de nuevo me llevo una sorpresa, es
cierto que somos amigos, pero nunca me había dado un abrazo, ni recuerdo que
abrazase a nadie.
-Te noto extraño.
Mientras se abrazaban, Zacarías introdujo un pergamino en
uno de los bolsillos interiores de la gabardina.
-Le dije a Kefrén dónde encontrarlo. El
Ladrón de Almas es...
De pronto su voz se ahogó y se desplomó
entre mis brazos mientras su sangre brotaba por su boca manchándome
profusamente. No entendía que podía estar pasando hasta que vi a Kefrén justo
detrás de el sacando su tinto brazo de la espalda de Zacarías.
-Volvemos a vernos, Jenofonte, creo que era
amigo tuyo, ¿no?, que lástima, dijo Kefrén mientras sonriendo se lamía la
sangre de Zacarías que me cubría el brazo.
Una súbita furia se apoderó de mí, pero
igual de rápido la ahogué en mi pecho, no era momento de perder el control,
necesitaba todos mis sentidos al máximo de su potencia y no podía permitirme
que nada me distrajese, todo llegaría a su debido tiempo.
-Si me buscabas di que es lo que quieres.
No hay comentarios:
Publicar un comentario