lunes, 17 de marzo de 2014

Somos lo que somos





Kefren se lamía la sangre de Zacarías mientras miraba intensamente al deforme Jenofonte

-       ¿Qué sucede viejo? Ciertamente tu y yo no somos precisamente los grandes amigos, pero creo que tienes un gran interés en algo que yo puedo ofrecerte

-       ¿La sangre del ladrón? ¿No querrás decir que él tiene algo que ofrecerme?

-       Déjate de estar a la defensiva, es cierto que Zacarías era un gran vampiro, es más su sabiduría y conocimiento no tiene igual- Kefren agarraba el cráneo de Zacarías y comenzaba a mover su mandíbula mientras imitaba su voz decrépita y seca- ¡es cierto! De hecho yo mismo le ayudé al apuesto Kefren a encontrar al ladrón- arrojaba la cabeza al suelo

-       Tienes un gran poder… no tienes en algunos de nosotros un enemigo ¿Porqué haces las cosas a ese estilo soberbio y maligno? No tenemos necesidad

-       ¿Tenemos? Mi querido y hermo… dejémoslo en querido… bien sabes, tú que tan milenario y antiguo eres, que yo vengo de una era mucho muy antigua, que he sido conocido como el mago de la sangre y que mis dominios son acerca de la magia negra, que es igual de poderosa que otras magias

-       ¿Entonces qué pretendes?

-       ¿Si te lo he de confesar…?

-       Por un costo- decía seriamente Jenofonte-

-       Siempre hay un costo ante todo… mi señor del eclipse, el gran ladrón… tiene todo que darnos y que brindarnos, pero lo único que yo deseo es volvernos a los grandes imperios… los fuertes, ser poderosos, ya muchos no nos temen y la camarilla es mancillada, vieja y aburrida, ni siquiera sus orgías ni sus vinos añejos me embelesen, yo deseo otra cosa, pero lo único que busco son… amigo- Kefren besaba la frente del cráneo de Zacarías mientras de sus dedos salía de nuevo ese fuego violáceo y amarillo que ardía con poder- viejo Zacarías… casi me traicionas- le metía la llama eterna por los labios mientras el cuerpo se encendía

-       ¿Qué quieres?

-       Lealtad… yo mismo con mi gran poder, fuera de lo que tiene por volvernos el ladrón, puedo darte gracia y belleza… puedo hacer que con mis trucos de magia tengas una belleza sin igual- Kefren se ponía frente a Jenofonte y tocaba sus torcidas facciones- eres hermoso a tu estilo, a tu estirpe y a tu raza… pero yo puedo darte algo interesante y si no te gusta te regreso como estabas

-       ¿Acaso he dicho que mi apariencia me molesta?

-       Jamás- reía Kefren- sé que eres de lso vampiros que gustan de las chicas frescas y carnosas- reía aún más fuerte- que horror, tan delicioso que es estar con otros vampiros viriles o con jovencitos fogosos

-       No es mi estilo, aunque respeto el suyo- decía amable y tajanate Jenofonte- a mi me interesa tener algo con le ladrón

-       ¿Sexual?- reía Kefren-

-       No… un pacto entre nosotros, yo deseo tocar ciertos límites sin dañar a otros, mi naturaleza es solitaria y por lo tanto también me es indiferente el dolor, el poder y el someter

-       Tan noble y  tan determinante Jenofonte, no hace falta leer tu mente para darme cuenta que no te agrado, pero también sé que me respetas, así como yo lo hago con vos… ¿porqué no me muestras algo de lealtad? Ayúdame contra Julio César y te brindaré mucho más que la burla de una bella apariencia, te brindo estar del lado del ganador, y si así lo deseas, te llevaré yo mismo a donde el ladrón, para que charlen cuanto quieras, pero habrás de saber que una vez ante él… quizás te pierdas en el elixir de la locura, en lo profundo de su sangre y quizás anheles perderte por siempre… yo soy la llave para que no caigas en su locura, pero  si no estarás conmigo, estarás contra mi, aún cuando tu intención es un acuerdo con el ladrón, que habla el lenguaje maldito que nadie más que los cinco primeros hablan

-       ¿Y porqué habrías de saberlo tú?

-       Saca tus conjeturas bribón de rasgos soberbios… que yo sacaré los míos… no importa que lado pienses buscar, estar junto al ladrón es estar a mi lado, y si eso no es lo que deseas, entonces puede que la próxima vez los que peleemos seamos nosotros- pisaba el cráneo hecho cenizas de Zacarías- como sea que fuere- tronaba los dedos mientras se encendía toda la biblioteca- sin Zacarías esto no tiene sentido, es lo que él hubiera querido- sonreía mientras el fuego se expandía por todas parte-




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