miércoles, 26 de febrero de 2014

Caza de Sangre



- ¡Tú! ¡Cómo te atreves!

Julio Cesar se levanta y dando un golpe parte la gran mesa en dos.  La ira es evidente, transforma su majestuoso rostro en el de una fiera.  Los ojos inyectados en sangre... llorando sangre, de hecho, por una pena que no puede admitir.  Kitten era una mascota pero era SU mascota y el cariño que le profesaba era sincero.  Por encima del insulto y la ofensa a la autoridad de la ciudad, está el propio dolor de haber perdido uno de sus más preciados tesoros.

- ¡Tú, Kefren! ¡Se te prohibió la entrada a la ciudad! ¡Eres un animal que lo destruye todo a su paso pero esto no quedará así!  ¡Caza de Sangre*!  ¡Exijo Caza de Sangre como castigo a tu desobediencia!

Los asistentes estallan en un murmullo general.  Kefren no es bien recibido, causa problemas, pero si hasta ahora ningún Príncipe se ha atrevido a condenarle es porque es demasiado poderoso.  Beber la sangre del Tremere y hacerse con su poder es tentador pero ¿quien tiene la fuerza para enfrentarse?  Sólo un ejército de cainitas.

- ¡Vosotros, los Antiguos!  ¿Qué haceís?  ¿Agacháis la cabeza?  Os conformáis con alimentaros como cerdos y restregaros en el estiercol.  Criticáis a las generaciones posteriores por no pertenecer a vuestra noble estirpe pero al menos nosotros tenemos sangre en las venas.  La vuestra está seca y marchita.  Viejas glorias que más os valdría dormir en un letargo eterno y no estar en medio entorpeciendo.
- ¡Julio, ya está bien! - Grimilda, la Toreador, se alza -.  No tienes derecho a hablarnos en ese tono.
El resto de Antiguos le da la razón.
- O estáis a mi lado o estáis contra mí.

Las palabras del Príncipe caen como una losa en la moral de todos.  Enfrentarse a Kefren es malo pero es mucho peor ponerse en contra a un Príncipe tan poderoso como Julio Cesar, que además cuenta con el apoyo de Roma, la sede de la Camarilla.  Kefren se ríe divertido ante el caos que ha creado pero todavía tiene algo que decir:

- Mis queridas antiguayas, concuerdo con su excelentísima Alteza - y hace una reverencia burlesca - en que debéis escoger bando pero primero sabed que no estoy solo.  ¡Sirvo a uno más poderoso que toda la Camarilla junta! ¡Sirvo al padre primero!
- ¡No puede ser! - exclama Zacarías, el Nosferatu -.  ¡Es imposible que te estés refiriendo a Él!
- ¿Caín? - pregunta tímido Constantino, el Brujah con aparencia adolescente.

Kefren sonríe con autosuficiencia pero no contesta a la pregunta.

- Su sangre puede devolvernos la luz del sol y contra ese poder, querido Julio, ni tú ni toda Roma junta puede vencernos.  ¿Quien juega en mi equipo?
- ¡Yo! - exclama Wasim, el Ventrue, que no ha olvidado el rencor -.  ¿Quien más se une a mí y a Kefren?

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* Caza de Sangre - castigo supremo que puede imponer un Príncipe contra un cainita determinado.  Consiste en dar caza al vampiro y practicarle una diablerie.  Para lograr la diablerie, un vampiro debe beber hasta la última gota de la sangre de otro vampiro, y luego seguir sorbiendo para "chupar" el alma de la víctima. El esfuerzo de este acto es monumental, ya que el espíritu de los vástagos es tenaz y se aferra como puede a la No-Vida, esperando poder regenerar su cuerpo y despertar una vez más.

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