lunes, 17 de febrero de 2014

La señora Presidenta

Washington DC
White House

- Buenas noches, señora - se despide el secretario personal del presidente del gobierno de los Estados Unidos
- Buenas noches, Phil.  Recuerdos a tu esposa y a los chicos.

Al ir a cerrar la puerta del despacho, alguien le detiene al otro lado.  Susurran.  El secretario alega que es tarde y al final acepta.

- Señora Presidenta, monsieur J'Peur solicita una entrevista privada.
- Está bien, Phil, hazle pasar.

El joven J'Peur entra y el secretario se marcha al fin, cerrando la puerta tras de sí.

- Mi joven amigo, cuánto tiempo... Pero sigues igual.
- Madame...
- Espera, si vamos a hablar de temas importantes necesito primero una copa.  ¿Quieres? - el joven rubio niega con un gesto -.  Por supuesto.

Rose Whirlwind, la señora Presidenta, es una mujer de mediana edad, todavía atractiva, todavía enérgica en su porte.  De joven tenía una preciosa cabellera negra y lisa que le llegaba más allá de la cintura.  Kirk la recuerda perfectamente.  Pero ahora prefiere llevar el cabello corto y peinado hacia atrás.  Le da un aire masculino que la ha hecho popular entre el colectivo gay, aunque los esfuerzos de la prensa rosa por conseguir un escándalo entre la Sra. Presidenta y su preciosa becaria pelirroja han sido estériles.  Nada de nada, ni en el presente ni en el pasado. Bien parece que el país tenga una reina virgen, como Inglaterra tuvo a Elisabeth I.

Se levanta, se sirve un whisky con hielo y se sienta informalmente sobre la mesa.

- ¿Es sobre los sucesos de New York? - pregunta Rose y Kirk asiente -.  Ya me temia que tendríamos que tomar cartas en el asunto.  Los cazadores de la ciudad se reunen noche tras noche sólo para discutir de qué monstruo se trata y encontrar las armas más adecuadas, pero hablando no pararemos el problema.  ¿Alguna sugerencia?
- Hay un cazador nuevo, llegó hace pocos días a la Gran Manzana.
- Hum, sí, aquí tengo su expediente:  Tanairy Dankworth.  Puede sernos útil, contáctaré con él.

El silencio se interpone entre los dos.  Rose bebe un sorbo y lo mira fijamente mientras él le esquiva.

- Algún día tendrás que explicarme por qué sigues todavía en nuestro bando - pregunta ella.
- Algún día - responde él.



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